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Mi aportación a #cientificosmendigando

Aunque no tengo mucho tiempo para actualizar el blog, sí que tengo tiempo para participar en movimientos tan necesarios como #científicosmendigando. Aquí mi aportación:

Mi caso es el caso de una de las miles de personas que les gusta la ciencia y sufren las consecuencias. Desde que acabé la carrera de bioquimica, he pasado por multitud de trabajos. El primero que tuve fue en un buen laboratorio con una beca FPI. Aguanté un año y medio. Decidí irme porque la media de años realizando la tesis era superior a 7 y me parecía exagerado estar en una situación tan precaria durante tanto tiempo y de forma injustificada. Rápidamente encontré otra beca, esta vez asociada a un proyecto FIS. Para los que no estéis familiarizados con este tipo de becas, las becas asociadas a proyectos son las becas de segunda división, aquellas que no tenían contrato. En mi caso estaba gestionada por una fundación, por lo que era un poco más precaria. En todo este tiempo no coticé ni un día y pagué mis impuestos como cualquier trabajador con plenos derechos. A parte, tuve que pagarme los cursos de doctorado y el DEA de mi bolsillo (unos 1500 €). Con esta beca hice mi doctorado. Entre las dos becas, fueron 5 años de becario. Una vez se me acabó la segunda beca, decidí que ya estaba bien de no cotizar, quería ser un trabajador con todos los derechos. Las perspectivas eran encontrar alguna beca postdoctoral o un contrato de técnico de laboratorio cobrando como tal y haciendo trabajo de doctor. Amo la ciencia, pero tenía que pensar en mi futuro y en mi saludo mental.

Empecé a buscar trabajo. Primero lo empecé a buscar acorde con mis estudios. Nada, demasiada formación. Me había pasado cinco años especializándome en algo sin futuro profesional real en nuestro país, por supuesto en el sector privado. Necesito cobrar todos los meses, como la gran mayoría, así que empecé a quitar títulos de mi currículum para facilitar la búsqueda. Después de cuatro meses de paro sin cobrar, por supuesto, busqué trabajo de cualquier cosa. Como aún no había llegado la crisis, era fácil encontrar trabajo de cualquier cosa. Trabajé poniendo tornillos en una fábrica de coches, cargando cajas de mantequilla y empapelando puertas. Un trabajo muy digno, pero muy duro, sobretodo físicamente. A los meses, encontré trabajo en una empresa de Internet. Era un trabajo estable así que lo aproveché para estudiar por las noches y formarme más aún. Había que especializarse mucho más. Estudié un posgrado de bioinformática. A los pocos meses, encontré trabajo de bioinformático y es lo que me da de comer en estos momentos. Estoy contento, pero he vuelto al mundo de la ciencia y a su inestable futuro. Como veis, mi caso es el caso de una de las miles de personas que les gusta la ciencia y sufren las consecuencias.

ólo me gustaría hacer un apunte más. Gracias a la ley que se acaban de aprobar para retrasar la edad de jubilación, casi seguro que no cobro el 100% de la pensión cuando me jubile. No me salen las cuentas. Algunos datos para hacer los cálculos. Acabé la carrera a los 23.5 años. Al acabar la carrera estuve sin trabajar 4 meses (0.3 años). Estuve 5 años de becario sin cotizar ni un día. Después de hacer el doctorado, estuve 4 meses en paro. A partir de ese momento, afortunadamente, no he tocado el paro. Para cobrar el 100% de la pensión, tendremos que haber cotizado 37.5 años.

Es decir, en el momento que deje de trabajar 0.4 años (5 meses aproximadamente) antes de los 67, ya no cobraré el 100% de la pensión. Y eso que no he parado de trabajar desde que acabé la carrera. Está claro que estudiar está penalizado en este país. ¿Quién dijo cambio de modelo productivo? Pero la verdad es que todo esto no me preocupa, porque cuando sea mi turno de jubilarme, o bien no nos jubilaremos a los 67, o bien no habrá pensión para todos.

Jorge

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